De escribir código a dirigir inteligencia
El rol del desarrollador está mutando a una velocidad sin precedentes. Ya no basta con dominar un lenguaje: ahora hay que saber orquestar modelos, diseñar prompts y tomar decisiones que antes pertenecían al compilador. Hace apenas una década, el trabajo de un desarrollador de software podía resumirse en una sola imagen: manos sobre el teclado, líneas de código emergiendo en la pantalla, errores de compilación que resolver a las 2 de la madrugada. Era un oficio de precisión artesanal, donde cada carácter importaba y el dominio del lenguaje era sinónimo de maestría. Ese mundo no ha desaparecido, pero ha cambiado de forma irreversible. Hoy, los desarrolladores más productivos no son necesariamente quienes escriben más código: son quienes mejor saben no escribirlo . En cambio, delegan, sup...